Noticias & Temas de Salud
13/10/2013
Marcela Burboa:
“Si mis hijas están hoy conmigo es por la confianza que nos dieron en el Hospital Josefina Martínez”
 
Marcela Burboa es madre de Maite y Montserrat López, unas de las pocas siamesas separadas con éxito en nuestro país.

Corría el año 2009 cuando Marcela, una adolescente de 15 años se enteró que estaba embarazada de su pareja Rodolfo de 23 años. Pero esa no era la única sorpresa a la que se enfrentarían, ya que con solo 11 semanas de embarazo supieron que sus hijas eran siamesas y venían unidas por lo que parecía ser un solo corazón.

Las niñas nacieron en la Clínica Alemana y después de permanecer cuatro meses en el Servicio de Neonatología, debieron ser separadas de urgencia en una cirugía que duró alrededor de 11 horas y en la que participaron cerca de 50 profesionales.

Las hermanas permanecieron hospitalizadas en ese centro de salud durante ocho meses, bajo el programa de beneficencia de Clínica Alemana. Una vez que superaron la etapa más compleja, fueron trasladadas al Hospital Padre Hurtado.

Marcela recuerda que ese fue un período muy difícil, ambos padres trabajaban, tenían horarios muy limitados para visitar a sus hijas y estas estaban en salas separadas, con distintos horarios de visita por lo que se turnaban para estar con ellas. A la vez reconoce que la situación los llevó a dejar de visitar a sus hijas por lo que la pareja fue demandada por la custodia de las niñas.

“Nada justifica nuestro alejamiento e irresponsabilidad en el momento, pero todo cambió cuando Maite y Monse fueron trasladadas al Hospital Josefina Martínez, aquí las aprendí a conocer y me conecté con ellas… Aquí me sentí más acogida y eso cambió la relación con mis hijas, ellas nunca habían estado conmigo, ni vivido conmigo, no existía un apego mamá hijas y cuando llegamos eso se comenzó a dar. La gran diferencia fue que nos permitían hacerle las cosas a las niñas, mudarlas, aspirarlas, tomarlas en brazo, etc.… Nos conocimos más porque podía compartir más con ellas. Ellas también se pudieron conocer de a poco a pesar de estar en salas diferentes. La Maite podía salir de su sala e íbamos a ver a la Monse, salíamos al patio o a caminar. Cuando veníamos con el papá podíamos estar juntos los 4 y ahí nos dimos cuenta que no podíamos pedir más, estábamos lo mejor que podíamos estar, los cuatro junto.”

Al llegar al HJM Monse usaba ventilación mecánica y Maite oxigeno permanente, no caminaban, ni hablaban y al poco tiempo comenzaron a hacer terapia, lo que llevó a que evolucionaran rápidamente y empezaran a caminar y alimentarse por boca, ya que habían ingresado con sonda naso gástrica.

Al recordar la rehabilitación de sus hijas Marcela destaca el rápido progreso que vio en sus hijas: “Me impresionaba ver sus avances, recuerdo un día en que yo iba llegando a la visita y desde la puerta vi a la Monse que venía caminando con la kinesióloga, fue impresionante, tenía 3 años y caminaba por primera vez”.

Para Marcela y Rodolfo existe un antes y después de su paso por el HJM, aquí conocieron a sus hijas, ayudaron en su recuperación y lograron llevárselas sanas a su hogar. “Para nuestra familia el Hospital Josefina Martínez ha sido muy importante, ya que nos dio la confianza para ser padres, antes de estar acá cometimos errores y tuvimos que ir a juicio porque nos las iban a quitar. Pero la confianza que nos dieron, en especial el apoyo de la asistente social, siempre lo vamos a agradecer, ella nos defendió y dio fe de que yo estaba capacitada para ser madre. Si mis hijas están hoy conmigo es por la confianza que nos dieron en el hospital, si no hubiésemos llegado acá, no estaríamos juntos. A pesar de que llegué con antecedentes de mala mamá, jamás me apuntaron con el dedo ni me discriminaron”.

Hoy Monserrat y Maite, son dos niñas completamente normales, solo Monse conserva una cánula y debe ser ventilada por las noches, pero realiza todo tipo de actividades. Ambas ingresaron al colegio y aprenden cosas nuevas cada día.